Antes de empezar la crónica, voy a poner quiénes son los integrantes de la banda, que son unos cuantos y así, cuando haga mención a alguno de ello, tenéis la referencia:
Marta Galiano (clarinete); Victor Manjón, Paloma González, Miriam Muñoz, Alfonso López y Jaime Manzano (saxo alto); Daniel Hidalgo (saxo barítono), Adrián Ruiz y Antonio Sánchez (saxo tenor); Juan Alberto Gómez, Ángel Martín, Francisco Campillo, Francisco Javier Carrillo, Mario Gutiérrez y Paco Martín (trompetas); Jesús Lloret, José Antonio Gómez, Jaime Hidalgo y Antonio Ojeda (trombones); José Luis Pérez (tuba); Agustín Sánchez (guitarra); Nacho Doña (piano y subdirección); Jesús Ortiz (bajo eléctrico); Francisco Fernández y Juan Fernández Pinto (batería); Raquel Pelayo (voz); y Antonio Lara (dirección y piano).
Tras este parrafazo, empiezo a contar qué fue del concierto de anoche. La entrada de los músicos en escena ya fue digna de una gran ovación. Primero apareció la sección rítmica, y el público aplaudió tímidamente, porque no sabía dónde estaba toda la banda. En estas que empiezan a sonar instrumentos de viento a un lado del escenario y aparecen todos los músicos tocando Oh When the Saints. Por supuesto, todo el público se volvió loco. Esa fue la primera demostración del carisma y la espontaneidad que tiene La Insostenible Big Band. Como siempre, me gusta ser sincero en lo que escribo, y yo he de reconocer que el concierto de ayer me encantó. Disfruté como un enano. Esta Big Band malagueña me recordó lo que es el Jazz: una música divertida, que permite expresarse de muchas formas distintas, que me tiene todo el rato meneando el pie y que tiene una gran conexión con el público. Ellos consiguieron crear un ambiente de mesita camilla (como diría mi profesor de Relaciones Internacionales) entre el público y el escenario. Y esto se agradece.
Los músicos que integran esta Big Band no son un conjunto de muy buenos músicos a nivel individual que se juntan para tocar, sino que son una banda de músicos ‘sin caché’ (por decirlo de alguna forma), pero que suena absolutamente compacta, homogénea, con gran personalidad y con un sonido excelente. Mi impresión general es que desde su disco (Jazz’tamos aquí) hasta el concierto de ayer La Insostenible ha tenido una evolución excelente. Es potente cuando tiene que serlo, y sutil y sensual cuando corresponde (por ejemplo, en su versión de Fever). Hablando de sutilezas quería comentar que de la clarinetista Marta Galiano hizo un solo con gran sensibilidad en el tercer tema de la primera parte, que le dio un punto ‘femenino’ al asunto (que nadie se ofenda, porfavor). Esto se repitió en todas sus intervenciones.
Para comentar algo de los demás miembros, me gustaría destacar la labor del director, Antonio Lara. Tuvo un gesto muy bonito, y es el de presentar cada tema al público. Además, los arreglos que escogieron son muy buenos. Al menos, a mí me encantaron. Durante un par de temas, Antonio intercambió papeles con Nacho Doña (pianista y subdirector), y Nacho cogió las riendas de la banda. Uno de los temas contó con la colaboración especial de Ana Sánchez (vocalista de Jazztease, grupo que completan Adrián Sánchez, saxo tenor de La Insostenible, y el propio Nacho). El tema que cantó fue Big Time, y Ana se lució, como siempre. Ya que estamos con las voces, voy a hablar de Raquel Pelayo, vocalista de La Insostenible. Tiene una voz preciosa. Creo que es una de las voces más cálidas y hermosas (en un sentido genuino) que he escuchado. Además, la aprovecha muy bien con un registro muy amplio (mejor los agudos que los graves). Por ejemplo, en Sweet Georgia Brown o en Come Rain or Come Shine, donde Raquel explota en los agudos (como toda buena cantante debe hacer en este standard), tiene un papel exquisito. En Cheek to Cheek nos hizo llegar al cielo a todos los espectadores, y Antonio la felicitó diciendo que Raquel “es la joya de la corona”.
Hubo más colaboraciones además de la de Ana Sánchez. Un cuarteto de cuerda tuvo una espléndida intervención tocando una única nota, pero muy importante, en el primer tema de la segunda parte, In the Mood. Pa’ habernos matao. En ese tema estuvo al piano ‘featuring’ Marina Lara. También aparecieron en escena anteriores miembros de la Big Band, como los trompetistas Alejandro Gómez Villanueva y Antonio Vera (al que se le caían los tirantes), y el guitarrista Antonio Soto. Los dos trompetistas tuvieron un papel muy bueno en el tema que, “formalmente”, daba por concluido el concierto. Fue en St. Louis Blues March, y tocaron un solo muy divertido intercambiando las voces. Cuando lo terminaron, se chocaron la mano, dando un ejemplo más de la espontaneidad del grupo.
Ayer escribí telegráficamente en mi libretilla: “Bueno rollo, estos músicos están locos. Los trombones son los más cachondos del grupo”. Era todo un placer verlos hacer sus coreografías, sus gestos, etc. Otra demostración más del carisma de la banda. Coreografías tenían todos en realidad. En Nou´s Blue (primer bis), por ejemplo, los saxofonistas colocaron su instrumento como si estuvieran llevando a hombros un paso de Semana Santa.
Me gustaría mencionar otro tema, cuyo nombre no pude apuntar porque era en alemán, que tiene raíces judías y orientales. En la parte en la que el bajo eléctrico mete una caña impresionante y Adrián Sánchez toca melodías orientales al saxo, parecía que estábamos en una boda judía.
El sonido fue muy bueno a nivel técnico, aunque eché de menos más volumen en piano, que apenas se escuchaba y casi no tenía presencia. Pero el de los demás instrumentos y de la voz era el adecuado, y no fue molesto en ningún momento.
La naturalidad con la que el grupo enfrentó la actuación fue sobresaliente. De hecho, el concierto era bastante importante, ya que era su debut en el Festival Internacional de Jazz de Málaga, y su segunda actuación en un festival de Jazz. Sé que al público le encantó el concierto (todo el mundo en pie al terminar el 2º bis pidiendo otro más, los comentarios a la salida del evento, fueron suficiente prueba de ello). Nacho Doña me comentó que cree “que es el mejor concierto que hemos dado. Hemos dado alguno estas últimas semanas para soltar los nervios, rodar el espectáculo, etc., y ayer ya quedó todo redondo”. En fin, espero que les salgan muchos más conciertos y que sigan dándole duro a esto.
Aprovecho para recordar que en Málaga hay grandes músicos como estos, y que el festival de Málaga, y todos, deben contar con sus músicos locales para su programación. Esto da grandes oportunidades a jóvenes (y, a veces, no tan jóvenes) para poder demostrar su valía en un escenario digno. Bueno, para terminar un anuncio: el día 23 de diciembre tenemos otra cita con la banda. Lo que no sé aún es el sitio, ya lo escribiré posteriormente en alguna entrada.





